¿Cómo afrontar la pasividad?

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boringLa pasividad es uno de esos fenómenos que afecta a la casi totalidad de las personas. Es cierto que la mayoría, y en diferentes grados, aplazamos muchas actividades (incluso de modo permanente bajo diferentes autoexcusas). Pero en ocasiones, una pasividad grave puede llegar a convertirse en un auténtico estilo de vida donde hasta el más mínimo esfuerzo se convierte en un verdadero sufrimiento. Como otros muchos fenómenos psicológicos, es sencillo caer en un círculo vicioso. Y así uno acaba por hacer cada vez menos y generar problemas de mayor envergadura, lo que a su vez crea sentimientos de culpa que reinician el malestar y la pasividad, llegando en algunos casos a verdadera sintomatología depresiva.

 

Además, se produce otra curiosa paradoja, cuanto más tiempo nos mantenemos en inactividad y sin hacer nada, más difícil resulta salir de esa situación, ya que paulatinamente se van perdiendo contactos y hábitos sociales (es un poco esa idea de "entre menos haces, menos quieres hacer"). Es importante, por tanto, romper ese eterno círculo vicioso y acabar con la inactividad y el aplazamiento (es frecuente mentirse con el "ya lo haré mañana" que, por ejemplo, los estudiantes conocen tan bien). Lo más recomendable en todos los casos es comenzar cuanto antes y con pequeños pasos (los grandes objetivos son más difíciles de llevar a cabo), así suele aconsejarse:

- Comprometerse y responsabilizarse del cambio propio.

- Valorar en su justa medida las actividades que ya estamos haciendo. Es muy frecuente desestimar lo que estamos haciendo bien (ir a comprar el pan, hacer la compra, etc.).

- Establecer un horario definido. Hay muchas personas que el hecho de tener un horario establecido les ayuda mucho. Será positivo pues definir qué hacer a cada hora y comprometerse a cumplirlo. Se puede progresivamente ir añadiendo más actividades al horario semanal. Es importantísimo siempre comenzar con pequeños objetivos (llamar a un amigo, ir al cine, hacer un regalo, etc.).

- Ser consciente de los propios pensamientos negativos no ayudan. Somos en gran medida lo que pensamos, por ello es decisivo detectar que nos está frenando. Son habituales con la pasividad pensamientos del tipo: "no lo voy a conseguir", "no sirvo para nada", etc. Además de irreales, estimulan a que todo siga igual. Para romper el círculo vicioso, también es necesario modificar nuestros pensamientos y orientarlos más a otros del tipo "es positivo probar", "mejor no quedarse con las ganas", etc. Todo ello puede ayudar, y mucho, a cambiar la tendencia a la inactividad.

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